sábado, 20 de septiembre de 2014

experiencias aúlicas

1° experiencia aúlica

Hace unos años atrás, para ser precisa en el año 2001, yo cursaba el cuarto año de la carrera de Letras en la Facultad de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Rosario. Justo ese año comenzaba la Residencia (acercamiento a un grupo de alumnos), como podrán imaginar tenía pánico, terror indescriptible, cruzado con ansiedad y expectativa. En ese momento tenía 21 años, y una carrera docente encaminada. Vivo en Rufino, una ciudad al sur de Santa Fe, y viajaba todos los fines de semana a mis pagos para retornar el lunes a Rosario (ubicado a 256 km. de mi ciudad).
En ese momento, con toda una vida estudiantil caótica, recibo el llamado del Padre Ricardo, director de un Seminario en Aaron Castellanos, un pueblito a 30 km de mi ciudad. Concertamos una cita en Rufino cuando yo volviera para charlar de una propuesta que quería hacerme.  Finalmente nos encontramos, me propuso dar clases de latín a un grupo de chicas y chicos que cursaban el nivel terciario en su institución. Estos jóvenes se preparaban para ser sacerdotes y hermanas, y en su formación les exigían un profesorado, ellos cursaban Filosofía, y tenían como asignatura latín. La propuesta me sorprendió gratamente, aunque no me hacía a la idea me parecía una gran oportunidad de crecimiento personal y laboral.
Claramente era mi primer trabajo, cuanta adrenalina, me presente un viernes (no recuerdo la fecha exacta) llegué temprano, la secretaria me presento a los alumnos, y vi en sus caras tantas ganas de aprender que íntimamente me preguntaba si podría lograr enseñarles. Comencé mi primera clase disculpándome por la inexperiencia y planteando la forma de trabajo para todo el año. Ante cada cosa que decía ellos tomaban nota y yo lograba confianza en mí misma. Pasamos un gran año, cada día que pasaba era más ameno, y llegó diciembre, época de finales y  ocasión de plantarme del otro lado (el de docente). Fue inolvidable, presentaron exámenes extraordinarios, y mi orgullo llegó a las nubes. Lo había logrado, era mi momento y lo aproveché al máximo.
Gracias a este trabajo entre en el sistema educativo, cobré un sueldo por hacer algo que me apasiona, me hicieron carpeta médica, etc. De esa manera estaba en iguales condiciones que los docentes recibidos (y yo cursando cuarto año, mi residencia)
Trabajé solo ese año, después me volvieron a llamar en 2005 y 2006, ahí yo ya estaba recibida (me recibí el 5 de Julio de 2004). Me encontré con mis antiguos alumnos y me agradecieron el conocimiento adquirido, mi corazón explotaba de alegría. Gracias a mi enseñanza ellos habían podido resolver textos de la Biblia, aprender a pronunciar las partes de la misa en latín, y los ayudó en otras asignaturas.
En cuanto a dinero no era demasiado, y debía viajar mucho, estaba en Rosario de Lunes a jueves, viajaba a Rufino y a la tarde a Castellano (seguimos así durante todo el año).

También este acercamiento a la docencia me abrió las puertas a mi actual trabajo. Cómo sabrán para ingresar al nivel terciario es necesaria una antigüedad de 3 años en el nivel o en la docencia. En 2006 una compañera me avisa de la apertura de una carrera y me anoto. Por suerte me llaman por mi antecedente en el nivel terciario, o sea que estaré eternamente agradecida al padre Ricardo, a la secretaria, a mis primeros alumnos y a mi familia que apoyó este proyecto.